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Sindicalísimo

En Cuba créditos sin demanda

Publicado por Orestes Eugellés Mena

Banco Metropolitano en La Habana. Foto: Ladyrene Pérez/Cubadebate.

Banco Metropolitano en La Habana. Foto: Ladyrene Pérez/Cubadebate.

Por Igor Guilarte Fong y Heriberto Rosabal

A un “elaborador vendedor de bebidas no alcohólicas de forma ambulatoria” −granizadero que le dicen− le oímos contar que fue al banco a pedir un crédito con que ayudarse a iniciar su negocio. Pero salió como entró, sin un centavo prestado, porque el mínimo que debía solicitar eran tres mil pesos, le dijeron. Y él solo necesitaba mil.

Situaciones así se dieron cuando empezó a aplicarse el Decreto Ley 289 −“De los créditos a las personas naturales y otros servicios bancarios”−, desde 2012. Aunque las cosas han ido mejorando, por lo menos en el Banco Popular de Ahorro (BPA), que es del que pueden hablar Martha Teresa Gómez Suárez y Greicher La Nuez Gambino, directoras de Banca de Negocios y de Riesgos Bancarios de esa entidad, respectivamente, con quienes BOHEMIA conversó sobre el otorgamiento de dichos créditos a trabajadores por cuenta propia (TCP) y cooperativas no agropecuarias (CNA).

En los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución referidos al tema monetario, el número 52 señala: “Prestar los servicios bancarios necesarios, que incluyan el otorgamiento de créditos al sector que opera bajo formas de gestión no estatal, para contribuir a su adecuado funcionamiento, estudiando la creación de cuentas de capitalización para la adquisición de equipamiento y otros destinos”. Y a ello va la implementación del 289.

De parte y parte

Bajo el amparo de esa norma jurídica, señalan ambas directivas del BPA, en 2013 apenas se concedieron financiamientos, pues entre los potenciales beneficiarios había −y hay− falta de hábito, confianza y cultura de trabajar con el Banco, y de parte de este, inexperiencia en el servicio a ese segmento que hoy surge en Cuba.

Pero en 2014 se otorgaron 583 créditos a cuentapropistas, por valor de 13 millones de pesos, de ellos más de 12 millones para inversiones y 504 mil para capital de trabajo, en todo el país, excepto La Habana, donde opera el Banco Metropolitano. Ello −reconocen− dista de ser un buen resultado, pues representa apenas 0.1 por ciento de 347 mil TCP registrados.

En las CNA fueron concedidos 38 financiamientos, por valor de casi 18 millones de pesos, el grueso para inversiones (14 millones 360 mil pesos) y el resto para capital de trabajo.

El 2013 todavía fue de aprendizaje, de cambios sobre la marcha, flexibilizando y perfilando procedimientos para hacer más ágil y eficiente el proceso, desde la solicitud hasta la decisión de dar o no el crédito, que se ha negado muy pocas veces, en casos como los de incumplidores con el fisco, por ejemplo, explica Martha; quien precisa que hoy basta llenar el modelo de solicitud, presentar el carné de identidad y la autorización de ejercicio de la actividad que se desea financiar, para pedir el crédito.

También debe mostrarse la inscripción en el Registro de Contribuyentes, de la Oficina Nacional de la Administración Tributaria, y evidencias del pago puntual a esta. Luego se pide al solicitante otros documentos, como puede ser un flujo de caja, e incluso se le ayuda a prepararlos, y se le visita para conocer su proyecto o negocio, y estimar la posibilidad de éxito, antes de decidir otorgar o no el crédito.

Ahí puede transcurrir más tiempo para unos que para otros, dependiendo de condiciones, tipo de emprendimiento y otros factores, aclara la directora de Banca de Negocios. La relación, subraya, es de asesoría, buscando que finalmente se conceda el financiamiento. Vencida esa fase, hay plazos fijos para comunicar la decisión al cliente, de entre siete y 20 días, según la magnitud y el nivel de aprobación del crédito pedido.

Trabajar más, de otra manera

Además de asesorar, plantea Greicher, se informa sobre el tema por medios locales, por vías sindicales, en cursos que ofrece la Asociación Nacional de Economistas y Contadores (Anec), entre otras acciones.

“Pero tenemos que trabajar más e ir hasta ese cuentapropista o cooperativista; realizar estudios de mercado: saber bien cuántos TCP y CNA hay, en qué actividades, sus ingresos promedio; debemos segmentar, porque no es lo mismo financiar a un carretillero que a un arrendador de vivienda, por ejemplo”.

Al efecto, explica, recientemente la dirección del BPA decidió establecer, a nivel de cabeceras de provincias, el gestor de negocios, fundamentalmente para el nuevo segmento de mercado, donde deberá promover servicios y productos como estos créditos, y sobre todo enseñar al TCP o cooperativista su utilidad y cómo usarlos.

Un elemento para el que valdría esa conducción, por ejemplo, es el de las garantías que pueden ofrecerse al banco para la recuperación del crédito. “Muchos creen que son solo el fiador (antes codeudor), el carro o la casa en la playa, cuando en realidad hay otras, empezando por los propios ingresos futuros del negocio que vaya a iniciar o desarrollarse, siempre que tenga reales perspectivas de éxito”, comenta Martha.

Greicher redondea los criterios de ambas sobre la aplicación del 289, al señalar: “Hemos hecho muchas flexibilizaciones, como el aumento del período de gracia y los plazos de amortización, que empezaron por cinco años y hoy llegan hasta diez; la disminución del importe mínimo del crédito; la ampliación de las garantías; pero, debemos mejorar los resultados, partiendo del conocimiento profundo de qué necesitan de nosotros cooperativistas y cuentapropistas”.

En ello, precisa, trabajan con la Anec y la Universidad de La Habana, realizando encuestas, persona a persona, sabedores de que sin financiamiento no puede haber desarrollo económico.

Banmet: Capital para capitalinos

Con la entrada en vigor del Decreto Ley 289, el Banco Metropolitano (Banmet) −que solo rige en La Habana− se montó en el tren de la nueva política monetaria orientada en los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, para lo concerniente al financiamiento de las nuevas formas no estatales de gestión económica.

El Banmet ha abierto hasta ahora cinco mil 908 cuentas corrientes a trabajadores por cuenta propia. A pesar de haberse registrado un incremento en 2014 en relación con 2013, que fue el primer año de aplicación del decreto ley, apenas representa tres por ciento de dicho sector. En cuanto a financiamientos, hasta diciembre último solo se habían otorgado 75.

De ahí que el proceso marche bastante alejado de lo esperado, máxime si se conoce que alrededor de 135 mil 480 cuentapropistas ejercen hoy en la capital.

Más de lo mismo sucede con las cooperativas no agropecuarias. Aunque están funcionando 317 en la provincia, solo han sido abiertas 245 cuentas y suscritos 127 créditos.

Para Milagros Suazo Reimond, subdirectora de Banca Corporativa de Banmet, las cifras son ínfimas, no obstante las flexibilizaciones y estrategias decididas por la institución para estimular la solicitud de dinero por parte de cuentapropistas y cooperativistas no agropecuarios.

“Pensamos que las deficiencias radican en el poco conocimiento que tiene ese sector sobre el financiamiento. No obstante que hemos impartido seminarios y ofrecido atenciones con tal propósito, no ha sido mucha la insistencia de ellos para obtener recursos”, opina.

Entre otras fallas que favorecen esa tendencia, la ingeniera refiere la no aceptación de instrumentos de pago, como el cheque de gerencia, en la red de tiendas, la carencia de un mercado idóneo donde los que consiguieron finanzas puedan adquirir los insumos, y la inexperiencia de las personas a la hora de completar la documentación y los trámites establecidos por la entidad bancaria, especialmente el flujo de caja.

El crédito en Cuba no es costumbre

Aymara Álvarez Martínez concuerda en señalar la falta de cultura económica en la mayoría de los casos. A juicio de la joven directora de la sucursal 250 del Banmet, ubicada en Línea y Paseo, Plaza de la Revolución, y destacada por la cantidad de créditos conferidos, “se ven negocios muy bonitos y con prósperas condiciones, pero cuando preguntas, el dinero vino de algún familiar o amigo, o desde afuera. Es decir, muchos prefieren esa, u otra vía, porque en Cuba no hay costumbre del crédito bancario”.

Igualmente, piensa que los pasos para solicitar un financiamiento, incluido el “papeleo”, no son tan engorrosos como para que haya tan poca demanda. Tampoco considera obstáculos el tiempo de respuesta desde que el interesado hace su solicitud, ni las tasas de interés o garantías exigidas por el banco.

“Por supuesto, damos seguimiento al préstamo concedido, para comprobar en qué se invierte. O sea, no es tanto como facilitarle 20 mil pesos para que usted los gaste en no se sabe qué. Más o menos cada tres meses hacemos esos controles”, comenta.

Sobre los intereses, la gerente comercial de la misma sucursal, Daisy Arozarena Pedrosa, ratifica que tampoco son problema, pues “fluctúan acorde con el monto prestado y la demora en saldar la deuda. Diría que en Cuba las tasas de interés no son altas, en comparación con otros países. Son factibles para el cliente”.

La flamante Oficina de Créditos

Una de las medidas aplicadas por Banmet para mejorar el servicio destinado a quienes deciden nuevos emprendimientos en el sector no estatal, fue la inauguración en septiembre pasado de la llamada Oficina de Créditos, sita en Lacret y Juan Delgado, municipio de Diez de Octubre.

Según explica su directora, Carmen Rodríguez López, tienen la misión de brindar asesoramiento y atención especializada sobre el tema. Sin embargo, reconoce, “la cantidad de asistentes no es significativa, porque aún se le está dando promoción. De cualquier modo, al cierre de 2014 teníamos otorgados ocho millones de pesos para cooperativas no agropecuarias, y en el caso de los trabajadores por cuenta propia se presentaron unos 20, que recibieron alrededor de 300 mil pesos”.

Esta oficina es la primera de su tipo y la idea es abrir dos o tres más. Por lo pronto, allí confluyen las solicitudes que se reciben en las distintas sucursales, para ser analizadas por un comité de crédito que se basa en la información entregada por el cliente y en la capacidad que este muestre de cumplir las obligaciones de pago, y con ello evitar, en principio, la ejecución de garantías.

De ahí se deriva la aprobación o negación del financiamiento. Entonces, el expediente retorna a la sucursal de origen, donde el cliente ya abrió su cuenta corriente. En esta se emite el empréstito y se ejecutan en lo adelante las verificaciones pertinentes.

Punto de aprendizaje

Por tipo de actividad de trabajo por cuenta propia, el mayor número de financiamientos aprobado por Banmet se concentra en los elaboradores de alimentos y arrendadores de vivienda. Les siguen los transportistas, vendedores minoristas, parqueadores, carpinteros, barberos, reparadores de sombrillas y tenedores de libros.

En su momento, este banco prestó el capital inicial a los 69 mercados agropecuarios creados en la ciudad; asimismo, a buen número de cooperativas de gastronomía, construcción, ornitología y otras formas de gestión no estatal.

A sabiendas de que falta mucho por andar, las ejecutivas de Banmet entrevistadas por BOHEMIA asumen que los procedimientos son novedosos en general. Por ello afirman que la institución también se halla en el punto de aprendizaje y experimentación, para hacerlo todo más ágil y organizado.

Coinciden en opinar que muchas personas no conocen las oportunidades que ofrece el banco para potenciar la iniciativa en el sector no estatal. Aseguran, además, que al margen de procedimientos establecidos, lo fundamental es negociar con el cliente, a partir de su proyecto.

“Tenemos que cambiar la visión y la técnica para llegar a la cooperativa y al cuentapropista, seguir trabajando en flexibilizar más las garantías, ser más impetuosos en la gestión comercial. No podemos esperar que sean ellos quienes vengan al banco a pedir recursos, sino ir hasta allí, al negocio, a ofrecerles nuestras facilidades”, resume Milagros.

Quien no arriesga…

Entre el afán y la duda se veía Ramón Pérez Hechavarría cuando fue abordado por los reporteros en la Oficina de Créditos del Banco Metropolitano, sita en Lacret y Juan Delgado, Diez de Octubre. “Vinimos a gestionar un crédito, porque queremos iniciarnos como cuentapropistas, pero no tenemos la suma suficiente para arrancar. Somos taxistas en arrendamiento y dijeron que nos iban a dar un curso para explicarnos el sistema, pero hasta ahora nada. Aquí estamos prácticamente improvisando, averiguando qué hay que hacer, qué hay que dar, cómo se paga esto o lo otro. Es todo sobre la marcha”.

Muy cerca de Ramón está Odalis María Paz Lechuga, vecina de El Naranjito, en el propio municipio. Ansiosa también por abrirse camino en el trabajo por cuenta propia, se enteró por la televisión de que en el banco podía encontrar ayuda. “Estoy aquí porque realmente no tengo posibilidades económicas para acondicionar mi vivienda y arrendarla. De los pasos ni me pregunten, todavía no sé nada, por eso vine a documentarme primero sobre qué trámites debo seguir para montar mi negocio”.

Otros, como el mayabequense Carlos Sosa, carpintero por cuenta propia en Santa Cruz del Norte, no tienen aún plena confianza en la nueva política crediticia. “Solicitar un fondo al banco puede generar cierto conflicto, porque la legislación a veces es cambiante. Así que no me arriesgo a pedir un financiamiento para comprar las herramientas y materias primas que necesito para mejorar, no sea que de repente vengan con la orden de que tengo que cerrar mi taller”.

Buscando la cara opuesta de la solicitud de créditos llegamos a la cooperativa no agropecuaria (CNA) de gastronomía El Potín, en Paseo y Línea, Plaza de la Revolución, cuyos socios cuentan con más de un millón de pesos adjudicados por el banco para la reparación del establecimiento. Según su asesor económico, Gabriel Ibáñez, el trayecto hasta ahí no ha sido precisamente un lecho de rosas.

“El proceso de solicitud se hace largo y tedioso. Debemos demostrar que somos rentables, lo cual me parece bien, pero surgen trabas, demoras; piden mucha información y los mismos papeles reiteradamente. Aparte de que nos vemos muy apretados entre el pago de los impuestos a la ONAT y la deuda con el banco. Imagínense que para amortizarla cedemos 48 por ciento de los ingresos. Hay que hacer todo más expedito”.

Remy Dou, presidente de la CNA El Jardín, en Línea y C, también municipio de Plaza, valora que “no es que el procedimiento sea excesivo; son pasos de rigor, pues se está jugando con el dinero de un país. Aun cuando quisiera que las tasas de interés fueran más bajas, las considero justas. El trabajo con el banco es incluso recomendable, pues ayuda a validar la factibilidad del proyecto que uno quiere llevar adelante, de lo contrario no aprobarían el préstamo”.

El líder del restaurante categoría cinco estrellas en comida gourmet agradece el importante apoyo que representan los casi 13 millones de pesos asignados para ejecutar la reparación capital del inmueble. “Sin ese financiamiento esto no hubiera pasado de ser una utopía. Los mecanismos pueden ser difíciles y hay cosas que afectan, como la falta de un mercado mayorista, pero nosotros somos pioneros y al menos les dejamos la experiencia a los que vienen detrás”.

Pavel Ortega, presidente de la CNA El Biky −futuro restaurante, cafetería y dulcería, en la conocida esquina de Infanta y San Lázaro, Centro Habana− aporta sazón al debate. Considera que en su caso el banco ha sido más bien solución, no problema. Dice que su tasa de interés es sostenible y tanto el período de gracia como el plazo para devolver el principal y los intereses son de un año. “Los trámites no son engorrosos ni llegan al punto de ser obstáculos; son los necesarios y cuando ya coges el camino, fluyen bien.

“Sé de gente que no conoce esta posibilidad. Nosotros nos enteramos por la propia ley de creación de las cooperativas. Vemos la complicación en la compra de los suministros, a nivel minorista, y eso entorpece en buena medida la óptima inversión del dinero. Lo cierto es que muchas personas le tienen miedo al préstamo, pero funciona. Yo no tenía opción, lo hacía o no”.

Al ingeniero Víctor Chávez Rodríguez, presidente de la CNA de la Asociación Ornitológica de Cuba, tampoco le parece complicado el negocio con el banco. “A mediados del año pasado solicitamos unos tres millones de pesos, equivalentes a 120 mil CUC al cambio de Cadeca, para comprar alimentos para las aves que exportamos. A las personas no les gusta pedir crédito, porque contraen deudas, pero esa es una forma de trabajo y hay que pagar intereses porque no estás trabajando con tu dinero. O sea, creo que falta cultura en ese sentido. Al menos con ese método vamos saliendo adelante”.

Apelando a una vieja máxima, Armindo Gracia Amable alega que donde la ley no distingue, no cabe distinción, y los bancos a veces hacen interpretaciones que niegan eso. Por ejemplo, la ley no prohíbe que las cooperativas pidan créditos para comprar medios de transporte −indispensables en la construcción−, pero cuando planteas que los necesitas y lo vas a adquirir de un privado, te dicen que no está establecido”.

Presidente de la CNA Hachem Jireh, de notable impacto en obras de construcción y conservación en la capital, Armindo plantea que los bancos deben adaptarse a las nuevas tendencias empresariales que cobran auge en el país y no a la inversa. Su función principal, señala, debe ser permitir créditos, cobrar intereses y proceder ante moratoria, dejando el control a los órganos que realmente corresponde.

“Los intereses −prosigue− ya están preestablecidos. Los tomas o los dejas. No es que sean impagables, pero deberían ser negociables. También convendría que los períodos de gracia fueran más elásticos, en función del monto solicitado, porque si no sofocan al que está iniciando. ¿Para qué pedir garantías si sería más fácil presentar el contrato? Este puede sustentar perfectamente cualquier préstamo erogado y convertirse en prenda para el banco”.

Por último, agrega que tiene fe absoluta en que esto sea analizado por las autoridades competentes y se lleve a buen término. “Realmente eran más los problemas que teníamos al principio que ahora”.

Eruard Serrano llevaba ya varios años arrendando parte de su vivienda cuando leyó en la propaganda disponible en las propias sucursales del Banmet, que la implementación de nuevas medidas podía ayudarlo a mejorar su negocio. Pidió un crédito en agosto pasado, pero por el nivel de gastos no ha podido cumplir lo deseado. De ahí que esté pensando en una extensión. En su caso puso como garantía un vehículo, tasado en 575 mil pesos.

Aun cuando entiende preciso acudir al arca institucional, no está del todo conforme con las facilidades: “Ellos en verdad tienen interés, pero es uno el que corre con todas las gestiones, incluso hacer un flujo de caja, cosa compleja; por ejemplo, yo tuve que contratar a alguien que me lo hiciera, teniendo el banco los especialistas. Uno hace los papeles y luego ellos se demoran. Desde que yo inicié el trámite como tal pasaron seis meses”.

A la par lamenta estar amortizando una cuota elevada: “Yo pago cinco o seis mil pesos mensuales de un ingreso de diez mil, o sea, desembolso más de 50 por ciento. Pedí cinco años para devolverlo, pero ellos dijeron que me sobraba dinero y que podía acortar el plazo, pero no como sugerencia. Me pusieron una tasa de interés de 7.5 por ciento, o sea, que no fue un estímulo.

“Lo que noto a partir de mi experiencia es que el mayor interesado es uno, y como tal hay que asumir todo lo que dicen, aunque el trato del personal en el banco es siempre bueno y cordial. Verdad que los trabajadores por cuenta propia no tenemos cultura de crédito, porque no se usó antes, pero es positiva la idea y pienso seguir pidiéndolo siempre que pueda. Es una muy buena política y por eso lo fundamental es incentivarla”, concluye.

Si el cliente no va al Banco

“Crédito es el anticipo de un ingreso que se va a recibir en el futuro”, define el doctor en Ciencias Económicas Francisco Borrás Atiénzar, profesor titular del Centro de Estudios de la Economía Cubana, de la Universidad de La Habana, y estudioso de temas financieros.

“Se pide −amplía− para desarrollar determinada actividad económica, cuando es seguro que esta reportará un ingreso futuro. Y tiene como primera función poner en contacto a sujetos económicos que tienen déficit de recursos temporales con aquellos a quienes les sobran y pueden prestar.

“Los bancos tienen como función social poner en contacto a los oferentes de fondo con los demandantes. Y si no hubiese bancos, ni operaciones crediticias, la economía no podría funcionar, porque carecería de los flujos monetarios para inversiones y para la actividad operativa diaria”.

En las inversiones −construcción, montaje, compra de equipos−, que generalmente llevan su tiempo, largos plazos, se ve más claro el uso del crédito, apunta el especialista. “Pero también hay que tener en cuenta el financiamiento crediticio que la empresa necesita en el corto plazo, por dos o tres meses, o semanas, e incluso días, para su gestión operativa”.

Aclara que esa operatividad no depende solo de la adquisición de insumos o equipos −el llamado capital de trabajo−, sino también de tener con qué afrontar la falta de liquidez originada en determinado momento por el desfase entre ingresos y salida de dinero. “El crédito puede requerirse para pagar a los proveedores los suministros que están llegando ahora, ya que no habrá ingresos, dinero propio, hasta la semana próxima. Y eso también es parte del capital de trabajo”, ejemplifica.

“Enfatizo ahí porque se tiende a asociar crédito más bien con inversiones y largo plazo, y la necesidad en el corto plazo es muy importante. El crédito debe ser muy operativo y oportuno, porque, digamos, si hay una oportunidad de mercado que exige una inversión, esta hay que hacerla para poder responder en el momento justo, no después. Igual si se trata de cubrir falta de liquidez, como en el ejemplo que ponía antes”.

Según la necesidad

A lo que vamos, dice el profesor, es al hecho de que existen diferentes necesidades de financiamiento −en montos, plazos, agilidad de otorgamiento, facilidad de la amortización− y debe haber diferentes productos y servicios, en consecuencia.

“Las cooperativas no agropecuarias, los cuentapropistas y las empresas estatales tienen distintas necesidades financieras, determinadas por sus respectivas actividades. Creo que una de las causas de que no se haya desarrollado más el crédito a las CNA y a los TCP es la comunicación. No ha existido una estrategia en ese aspecto, adaptada a las particularidades de este sector. Ha faltado comunicación directa del banco con esos nuevos actores, cuya naturaleza precisa del acercamiento por ese canal, más que mediante televisión y otros medios masivos; y ello requiere segmentar, particularizar, luego del correspondiente estudio”.

Esa, dice el profesor, es causa conocida que no debe subestimarse. Otra es “la falta de una cartera de productos y servicios del banco adaptada a esas necesidades financieras distintas de las que hablaba; hay diferentes productos crediticios −préstamos, línea de crédito, línea de crédito revolvente, fideicomiso, entre otros, distintos en cuanto a plazos, intereses, amortización− que pueden ofrecerse, conociendo las necesidades. Creo, entonces, que conviene revisar esa cartera, todavía muy genérica.

Cambiar el modo de hacer

Y otra más es la tecnología bancaria, señala. “Se tiende a aplicar a cuentapropistas y cooperativistas la misma que durante muchos años se ha utilizado con las personas naturales y con las empresas. Cuando lo necesario es otra nueva, distinta.

“Por ejemplo, la persona natural está habituada a ir a la oficina bancaria. No se le ocurre que el banco vaya a la casa, a llevarle el dinero. Lo va a buscar y lo que quiere es llegar allí y que no haya cola, recibir buena atención y salir rápido. La empresa, ni siquiera tiene que ir; con las nuevas tecnologías de la información puede comunicarse a través de la banca telefónica, o de Internet, hacer transferencias.

“Pero el peluquero que trabaja todo el día en su negocio, ni tiene tiempo de ir al banco, mucho menos si hay cola, ni dispone de la tecnología de la empresa. Por lo tanto, requiere un enfoque distinto, como el que está haciendo el BPA con sus gestores, a los que estamos ayudando a preparar”.

Entre otras reflexiones relacionadas con este punto, el académico afirma que se trata, sin embargo, de algo más que designar gestores y prepararlos. Hay que adaptarse a estos nuevos clientes y a sus demandas, en muchos aspectos, “y en ello, como en lo demás que mencioné, sé que nuestro sistema bancario −uno de los más sólidos dentro de nuestra institucionalidad− está trabajando”.

Publicado en Bohemia-Tomado de Cubadebate

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